Escuchar, grabar, devolver. Fermín Pardo, una vida dedicada a recuperar nuestro patrimonio

Sin Fermín Pardo, buena parte de la memoria oral de Tierra Bobal se habría perdido para siempre. Para evitarlo, este maestro ya jubilado y folclorista incansable, ha pasado más de cinco décadas escuchando, grabando y devolviendo a nuestros pueblos su propia memoria. Ha recuperado ritmos y coplas, ha revivido danzas que llevaban décadas sin bailarse y fundado unos grupos que han podido llevar de nuevo a las plazas de nuestros pueblos unos ritmos y unos sonidos que estuvieron a punto de perderse. Recorremos aquí su trayectoria.

Fermín Pardo con el premio AVAMUS 2018 abril 22.
Foto Archivo Municipal de Requena

En 2017, durante la entrega del III Premi Honorífic de Musicologia, el aplauso dedicado a nuestro paisano se alargó más de lo habitual: Fermín Pardo recogía entonces un galardón que casi siempre ha recaído en personajes del ámbito universitario. Pero en esa ocasión, la sociedad científica organizadora se rendía ante el enorme trabajo desarrollado por este maestro que empezó grabando casetes en las cocinas de sus vecinos y que, visita a visita, había conseguido recuperar un acervo folclórico a punto de perderse. Y lo había realizado con la paciencia de un labriego y la precisión de un científico de laboratorio.

Este Premi Honorífic de Musicologia lo entrega la Associació Valenciana de Musicologia (AVAMUS) cada tres años a una trayectoria destacada en el estudio y la difusión del patrimonio musical valenciano. Y es la propia asociación la que describe a Pardo, como “uno de los folkloristas valencianos más prolíficos que toca, canta, baila y escribe”. Compartir palmarés con catedráticos universitarios dice mucho de un investigador que eligió aprender de nuestros mayores recorriendo pueblos y aldeas.

Otros reconocimientos, la misma historia

A este premio le acompañan otros reconocimientos que cuentan, cada uno desde su ámbito, la misma historia. El Ayuntamiento de Requena nombró a Fermín Pardo Cronista Oficial de la ciudad en 1994 y en 2011 lo distinguió como Hijo Predilecto de Requena. En 2022, la Generalitat Valenciana le concedió la Distinción al Mérito Cultural y un año después la Diputación de València lo homenajeó en el Teatro Principal de Requena, con el grupo Cantares Viejos actuando sobre el mismo escenario y el público puesto en pie. Antes, el Museo Valenciano de Etnografía también lo había homenajeado.

Cada uno de estos reconocimientos llega desde un lugar distinto —la ciencia, las instituciones, el propio pueblo— pero todos coinciden en elogiar su labor.

Un folclorista en la tele

Fermín Pardo comenzó a ser un personaje conocido hace más de cincuenta años. Era 1975 y el folclorista Ismael lo convocó para grabar dos programas sobre música tradicional valenciana en La Banda del Mirlitón, un espacio de TVE dedicado a este tipo de música. Y Pardo, que hasta entonces trabajaba prácticamente en solitario, montó para la ocasión un grupo con gente procedente de colectivos muy distintos, pero todos interesados en la música de carácter popular. El grupo funcionó muy bien. Y esa unión, que había sido improvisada para la televisión, permaneció más allá de la grabación. Un año más tarde nació Alimara, en la Societat Coral el Micalet de Valencia, uno de los grupos que mejor representó la recuperación del folclore valenciano durante la Transición.

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Fermín Pardo nació en Hortunas en 1945, cuando esta aldea de Requena ya empezaba a ver cómo su gente se marchaba hacia las ciudades. La escuela, la familia y la gente mayor fueron sus primeros maestros del ámbito folclórico porque en las noches de invierno se relataban costumbres, fatigas de la labranza y leyendas que en algunos casos se remontan a la Edad Media. Nadie llamaba a eso patrimonio todavía. Era, sencillamente, la manera en que un pueblo, sin poner nada por escrito, se contaba a sí mismo. Y ese es, precisamente, el relato oral al que vuelve Pardo una y otra vez a lo largo de toda su trayectoria.

Terminada la escuela en Hortunas, Pardo cursó el bachillerato en el Instituto de Requena. Se trasladó luego a Valencia para estudiar Magisterio, ganó las oposiciones de maestro y ejerció en distintos colegios valencianos hasta llegar a Requena, donde se jubiló de su trabajo como docente en el Colegio Público Lucio Gil. Pero Fermín Pardo era un hombre inquieto que buscó ir un poco más allá. Para comenzar, amplió sus estudios: se licenció en Geografía e Historia y se diplomó en valenciano.

Del divertimento de domingos al giro científico

El interés de Pardo por la música tradicional empezó siendo muy joven. Mientras estudiaba magisterio se había integrado en el Centro Aragonés de Valencia y en el Grupo de Danzas de la Sección Femenina, pero el cambio decisivo llegó al incorporarse al Seminario de Arte Popular que se desarrollaba en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valencia. En aquel grupo de trabajo, Fermín Pardo conoció la metodología científica más exigente para tratar y analizar la cultura popular. Y así, lo que era una afición de domingo se convirtió para él en un trabajo de campo sistemático. En 1975, el requenense participaba como ponente en el Congreso Nacional de Artes y Costumbres Populares de Palma de Mallorca. Estaba ya plenamente integrado en los círculos académicos de la materia.

Ese mismo año se incorporó a un equipo que coordinaba el musicólogo y catedrático Salvador Seguí. Este grupo de trabajo estaba financiado por la Fundación Juan March y tenía el objetivo de recorrer las comarcas valencianas recogiendo canciones y melodías. Pardo asumió el trabajo de campo en Los Serranos, el Rincón de Ademuz, el Campo de Requena-Utiel, el Valle de Ayora-Cofrentes, la Costera y la Huerta de Valencia. El proyecto culminó en 1980 con la publicación del Cancionero Musical de la Provincia de Valencia. Un trabajo editado por la Institución Alfonso el Magnánimo que es obra de referencia todavía hoy para quien estudia el folclore musical valenciano.

Un archivo recogido pueblo a pueblo

El proyecto de aquel equipo llegó a su fin, pero ese trabajo se convirtió para Fermín Pardo en una tarea casi personal y sin fecha de término. En 1984, el Ministerio de Cultura le concedió, junto a la investigadora Rosa Julia Cañada Solaz, una ayuda para recopilar y estudiar el patrimonio literario-musical del Campo de Requena-Utiel. En 1988 volvió a formar equipo, esta vez con María Teresa Oller, para un proyecto sobre el canto de los mayos, esta vez financiado por la Institución Valenciana de Estudios e Investigación (IVEI). Y, entre un proyecto y otro, Pardo nunca dejaba de grabar por su cuenta. Pueblo a pueblo. Una cocina tras otra.

El resultado acumulado durante más de treinta y cinco años de trabajo de campo está compuesto por 399 cintas de casete con cerca de 11.700 piezas de música y literatura popular procedentes de 322 poblaciones. La mitad del material pertenece a nuestra comarca; el resto se reparte entre una veintena de comarcas valencianas y localidades de las provincias de Cuenca, Albacete e incluso Toledo, territorios ligados históricamente a esta tierra fronteriza. Algunas piezas se remontan, en su origen, a la Edad Media; otras pueden datarse en los siglos XVII, XVIII y XIX, y han llegado hasta hoy porque alguien siguió cantándolas.

Pero, además de grabar canciones y relatos, Pardo realizaba otras actividades. En 1975 fundó en La Portera el Grupo de Estudios Folklóricos Jaraíz, dedicado a la música popular de la comarca. Y en 1977 dirigió la restauración de las danzas de la fiesta del Corpus de Valencia: la Magrana, Els cavallets, Els pastorets, el Ball dels nanos y la Dansa de la moma. No se representaban desde los años cuarenta. En 1986 fundó el Grup de Restauració de València. Cada uno de estos grupos comparte el mismo propósito de fondo: que una tonada o un baile que solo vivía en la memoria de un puñado de personas mayores vuelva a sonar o bailarse en una plaza.

Danzas del Corpus de Valencia en 1983, poco después de su restauración. Foto: JV Rodríguez

Devolver al pueblo su propia memoria

El 4 de abril de 2008, en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Requena, Pardo entregó su Archivo Sonoro completo a la ciudad. Lo hizo de forma gratuita para devolver al pueblo lo que el pueblo le transmitió. Él mismo resumió así la lógica de toda su trayectoria. Cinco años después, el 5 de diciembre de 2013, completó el gesto con un segundo legado: 4.244 diapositivas y 43 cintas de vídeo de temática etnográfica (arquitectura rural, fiestas, oficios tradicionales, arte sacro) recogidas entre 1985 y 1995 junto a José Ángel Jesús-María Romero.

Ignacio Latorre, archivero y bibliotecario del Ayuntamiento de Requena fue consciente, inmediatamente, de la enorme importancia del material que recibía. También supo que había que actuar deprisa por la propia condición de los soportes: las cintas de casete comenzaban a perder parte del sonido, tenían magnetización residual y comenzaba a crecer moho en la emulsión magnética; las diapositivas y los vídeos también comenzaban a degradarse. Se inició un proceso de digitalización del trabajo de campo de Pardo.

La digitalización del archivo audiovisual la sufragó Cajacampo, consciente de que perder ese soporte habría significado perder la memoria oral de media comarca. Además, entre 2016 y 2018, la Biblioteca del Museu Valencià d’Etnologia coordinó, junto al Archivo Municipal de Requena y la asociación Amical Wikimedia, un proyecto para albergar buena parte de este fabuloso archivo sonoro en Wikipedia y Wikimedia Commons. Desde entonces, cualquier persona investigadora puede escuchar y reutilizar ese material.

El Grupo Jaraíz, aquel proyecto de 1975, se transformó a finales de los años noventa en la Asociación Cantares Viejos, tomando su nombre de la propia discografía del grupo. Con esta entidad, Pardo siguió haciendo en directo lo que sus cintas habían documentado: restaurar canciones y bailes que habían dejado de interpretarse porque solo los conservaba la memoria de alguna persona muy mayor. Así regresaron a los escenarios comarcanos los fandangos de Cortes de Pallás, Cofrentes, Ayora, Hortunas o Los Isidros, y las jotas de Vallanca, La Portera, Camporrobles, Casas de Soto o Siete Aguas, además de seguidillas, boleros y rondas de una veintena de localidades más.

Un repaso a sus trabajos escritos

Detrás de muchas de las recuperaciones realizadas o dirigidas por Fermín Pardo hay, en muchas ocasiones, un artículo publicado. Pardo firmó su primera monografía en 1978. Era Danzas del Corpus Valenciano, editada por el Instituto de Etnología Valenciana. Y a partir de 1985, cuando el Centro de Estudios Requenenses fundó la revista Oleana, él ha sido uno de sus autores más constantes. Títulos como “La alfarería en Requena” (del año 1985), “Manifestaciones folklóricas de carácter literario-musical en el Campo de Requena-Utiel” (firmado en 1986 con Rosa Julia Cañada Solaz) o “El romance dentro de la música y la literatura popular navideña del Campo de Requena-Utiel” (de 1987) son solo tres títulos de los más de sesenta publicaciones a lo largo de cuatro décadas.

La lista de sus aportaciones es muy larga y ha ido incrementándose después de la jubilación y de los premios. De su último título, dedicado a la iglesia de San Nicolás el Magno de Requena, dimos cuenta recientemente en esta misma revista.

La voz de Fermín Pardo (sea cantada o escrita) es la voz del pueblo. Y la de la ciencia. Y la de la administración cultural, cuando hace falta. En 2021, el Gobierno de Aragón inició el recorrido para presentar la candidatura de la Jota como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Hasta quince comunidades autónomas, entre ellas la Comunidad Valenciana, se sumaron a la idea. Y cuando al año siguiente el Ministerio de Cultura presentó su informe técnico (que puedes descargarlo en este enlace), ahí estaba la cita de nuestro paisano, como argumento de autoridad.

El Comité Intergubernamental de la UNESCO decidirá si inscribe la Jota en su lista representativa a finales de este año 2026 en una reunión en China. Nadie puede garantizar el resultado. Sea el que sea, el archivo municipal de Requena conserva las voces de nuestros pueblos. Y que esas jotas, esas coplas y estos romances que recogió Fermín Pardo en un casete cuando estaban a punto de desaparecer, permanecen hoy en la memoria de la comarca. Y cada vez que Cantares Viejos sale a una plaza en verano, cada vez que suena uno de nuestros villancicos tradicionales en Youtube o se reproduce un canto tradicional en Spotify la memoria vuelve a reactivarse.

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