Verano de regreso al pueblo: así creó Tierra Bobal sus fiestas para el reencuentro

En agosto, nuestros pueblos y aldeas bullen de actividad. Hay coches aparcados en cualquier rincón, niñas y niños por las calles y gente en lugares que en invierno parecen desiertos. Suena un cobetazo y la plaza responde con estruendo. Se convoca una actividad cultural y se llena. Se abre una escuela de verano y faltan plazas. Y es que las familias que se despidieron hace ya treinta, cuarenta o cincuenta años se ven de nuevo: el pueblo está de regreso.

Justo después del pregón, un cohete se lanza desde el balcón del ayuntamiento de Camporrobles. Los vecinos, los quintos y muchas familias llegadas de fuera responden con alegría, porque el cobetazo da paso a una semana en la que hay reparto de zurra, pasacalles con charanga, desfiles y comida popular. Una semana en la que el pueblo vuelve a sentirse completo.

Estas fiestas de verano en Camporrobles no tienen nada que ver con el santoral: las patronales, dedicadas a Santa Águeda, se celebran en febrero, con los habitantes habituales del lugar. Es durante la tercera semana de agosto cuando se reúnen quienes trabajan y viven fuera y regresan a reencontrarse con sus raíces.

El mismo patrón se repite en Casas de Moya, donde las fiestas patronales de enero se alternan con unas fiestas de verano que atraen especialmente a quienes ya no residen todo el año en esa pedanía de Venta del Moro.

El 15 de agosto, además, varios núcleos de población —Fuenterrobles, Las Cuevas, San Antonio, El Rebollar— comparten una misma costumbre, la merienda del melón, una comida campestre que funciona como pequeño rito de reencuentro repetido en toda la zona.

Es el verano en la comarca. Bullicioso y plagado de unas fiestas de creación relativamente reciente que, sin embargo, se han convertido en ya tradición.

Programa de la Semana Cultural de Caudete de las Fuentes de este verano

Medio siglo de fiestas alternativas

Podría parecer una costumbre reciente, pero los números cuentan otra historia. Caudete de las Fuentes celebró a finales de julio la 54ª Semana de la Confraternidad, cuyas verbenas gratuitas llegan a reunir a más de 7.000 personas en una sola noche. Más de medio siglo es una tradición más que consolidada.

Pero no hablamos solo de verbenas y reuniones festivas. Porque muchos de estos encuentros toman forma de eventos culturales que convocan también a un gran número de visitantes que aprovechan su tiempo de vacaciones para estas actividades. Campo Arcís, por ejemplo, ha celebrado este 2026 la 44ª edición de su semana cultural, organizada por la alcaldía pedánea con apoyo del Ayuntamiento de Requena y la Diputación de Valencia. Sinarcas ha llegado a la 40ª edición con su propia semana dedicada a la cultura. Y Venta del Moro va por 32 ediciones.

El contenido de estas semanas explica por qué el formato ha sobrevivido cuatro décadas: mezcla entretenimiento, memoria y cuidado comunitario en los mismos días. En Campo Arcís, el programa de este año combinó una conferencia sobre el análisis sensorial del aceite con una charla sobre el código europeo contra el cáncer, dedicó una jornada a la tercera edad y cerró con cine de verano y un festival infantil y juvenil. En Sinarcas, la oferta se reparte entre talleres, teatro, humor y música, con un perfil más reflexivo en charlas sobre el oficio desaparecido de los gancheros y sobre el cambio climático, además de la presentación de un libro, una cata de vinos y una excursión de senderismo por el entorno. Venta del Moro reunió este año eventos como la jota bienal de quintos, su Feria del Libro, Encuentros de Artesanos, recitales con los premios Meseta del Cabriel y Pino Quilibios, el XXI Certamen de Vinos de calidad y un recital lírico.

Estas longevas citas se iniciaron en los años setenta y ochenta del siglo pasado. Las iniciaron por los hijos de aquellos que iniciaron la marcha a las ciudades décadas antes, pero nunca renunciaron a sus raíces.

Turismo de raíces para hijos y nietos

Los investigadores expertos en geografía humana tienen un nombre para este fenómeno: turismo de raíces, una modalidad vinculada a la despoblación rural en la que personas con vínculo afectivo o familiar en un municipio regresan de forma periódica. Estos visitantes ocupan una categoría propia, distinta de la del turista convencional y tienen presencia de forma casi idéntica en comarcas despobladas de toda España y de Europa. Hay localidades castellanas donde la población estival llega a multiplicarse por quince gracias a quienes nacieron allí y emigraron por trabajo.

Lo más interesante es que este fenómeno del turismo de raíces no se detiene en la generación que lo inventó. Ahora llega una nueva generación: los nietos que disfrutan de las Escuelas de Verano. Utiel ofrece esta posibilidad por quincenas en julio y agosto y la extiende a diversas aldeas. El resto de las poblaciones replican modelos similares. Estas actividades veraniegas se llenan con niñas y niños de la localidad, pero también con los que están pasando sus vacaciones escolares con los abuelos o con madres y padres que están teletrabajando desde el pueblo. Un dato muy revelador llega de Camporrobles, donde la Escuela de Verano 2026 nació con 60 plazas y tuvo que ampliarse hasta 100 por la demanda, con nuevas aulas y monitores contratados con urgencia, en un servicio que el Ayuntamiento describe como esencial durante la época estival.

Recreación de la batalla del Tollo en Utiel este 2026.
Foto: Ajuntamiento de Utiel

Reviviendo la prehistoria y la historia local

Alrededor del verano crecen otras propuestas que confirman la vitalidad de nuestros pueblos en vacaciones. Tres localidades —Utiel, Requena y Caudete de las Fuentes— han programado este verano diferentes recreaciones históricas: Utiel reviviendo, como cada año, la batalla napoleónica del Tollo; el histórico barrio de la Villa de Requena con un mercado medieval y Caudete con un mercado de artesanía de estilo íbero, ligado al yacimiento de Kelin.

Mercado artesanal celebrado este 2026 en Caudete de las Fuentes que recrea la vida en tiempo de los íberos.
Foto: Ayuntamiento de Caudete de las Fuentes

Precisamente Kelin fue además escenario de una cita excepcional este verano: sucedió el 12 de agosto. Aquel atardecer, unas 150 personas se reunieron en familia en el yacimiento para disfrutar del eclipse solar, el primer eclipse total visible desde la península en más de un siglo, que esa tarde cruzó buena parte de España mientras el Sol se ponía por el Oeste. Generaciones distintas, sentadas en el mismo escenario en el que sus antepasados íberos contemplaron el cielo miles de años. Fue otro pequeño ritual de reencuentro, esta vez astronómico.

Detrás de esta continuidad hay presupuesto municipal, comisiones de fiestas activas y décadas de costumbre. Y así es como los pueblos de Tierra Bobal han construido, año tras año, una infraestructura festiva y educativa capaz de recibir a quienes se fueron. Cuando el cobetazo suena en Camporrobles, celebra que el pueblo, durante unos días, vuelve a estar completo.

Contact Us

We're not around right now. But you can send us an email and we'll get back to you, asap.

Not readable? Change text. captcha txt