En La Portera, en San Juan y en la carretera de Utiel a Los Isidros, tres proyectos empresariales han devuelto a la vida viñas viejas y viejos edificios. Los responsables son Bodegas Novos, Bobal de San Juan y Montesanco. Tres empresas que han apostado por la historia local. Abrimos con ellas una serie de reportajes sobre quienes, desde la iniciativa privada, ayudan a sostener los elementos históricos de Tierra Bobal.

El proyecto arquitectónico de Novos es una declaración de principios para cuidar el paisaje y mimar un viejo viñedo
La bodega parece haber salido del montículo, como si fuera una extensión del mismo. Es un efecto buscado, puesto que el edificio se ha ubicado en un desnivel en esa finca de La Portera (Requena). Por los ventanales de una fachada, la construcción se asoma al bosque mediterráneo de pinos, sabinas y romero. Por otro lado, se ven los viñedos centenarios que Nicolás Ramos y Mariano Pedrón plantaron entre los años veinte y cuarenta del siglo pasado.
Bodegas Novos inauguró oficialmente sus nuevas instalaciones en noviembre de 2025. Y si la bodega está ahí y se ha construido con ese diseño es, precisamente, para mimar ese viñedo y mantener ese paisaje por el que ha apostado la familia propietaria.
Volver a la viña del bisabuelo
Sergio Ramos representa la cuarta generación de una familia cuya vinculación con el vino en Requena se remonta hasta el siglo XVI. Su padre, Germán Ramos, fue cofundador de Torre Oria, la bodega que en 1982 impulsó que Requena también formara parte de la Denominación de Origen Cava. De modo que los Ramos podrían haberse quedado ahí, en la trayectoria ya escrita. Pero en 2019, Sergio decidió que aún quedaba algo por hacer: “Todo nace de las viñas que plantaron mis bisabuelos. Queríamos mantenerlas vivas y construir un futuro alrededor de ellas”, decía a la prensa especializada hace unos meses.
Las viñas que plantaron los bisabuelos son hoy patrimonio escaso. Treinta hectáreas en secano, sobre suelos pedregosos y calizos a 700 metros de altitud. Cada año, la familia selecciona una parte de la cosecha para sus propios vinos y produce entre doce mil y veinte mil botellas. Es una decisión empresarial deliberada: La calidad pesa más que el volumen. Y mantener las viñas viejas pesa más que las dos cosas anteriores. La bodega nueva es el lugar desde donde esa decisión se hace visible al visitante.
Lo que ocurre en La Portera tiene un nombre que en la comarca se busca con insistencia: relevo generacional. Que las nuevas generaciones reactiven el valor histórico de lo que dejaron los abuelos y bisabuelos.
Una cooperativa que los agricultores levantaron con sus manos

Vista de la antigua bodega cooperativa recuperada por el proyecto empresarial de la familia Valsangiacomo
A unos veinte kilómetros de La Portera y sin salir de Requena, hay un edificio de cemento crudo levantado en los años cincuenta por los propios agricultores de la zona. Es la antigua cooperativa de San Juan, fundada en 1954. Construirla fue una decisión colectiva tomada en los tiempos duros de la posguerra, un momento en que las gentes de la zona confiaban en que el vino era el futuro del pueblo. Décadas después cerró la cooperativa y su edificio estuvo a punto de desaparecer.

Depósitos de cemento crudo para la fermentación y crianza en Bobal de SanJuan
La familia Valsangiacomo salvó la bodega de la piqueta en 2008. Ellos, elaboradores de vino desde 1831 (primero en Suiza y desde 1904 en nuestra comarca), compraron en esa fecha el edificio. Y no para reemplazarlo, sino, según se lee en su propia web, “rehabilitando las instalaciones en total respeto con su singularidad […] con el fin de recuperar un territorio rural al que acecha la despoblación, en nuestra misión de rescatar viñedos y recuperar variedades autóctonas como la bobal”.
Los más de setenta depósitos de cemento crudo construidos por los agricultores siguen ahí, en uso. El vino se elabora como hace cien años, recordando que aquí el patrimonio no son solo las paredes: es también una tecnología, un saber hacer, una forma específica de fermentar el bobal. A esto la familia añade su parcela El Albardín, con viñedo centenario de bobal podado en vaso sobre suelos calcáreos ubicados a 750 metros de altitud. Como afirma la marca: “Entendemos la viticultura como un todo: no sólo un buen trabajo en el viñedo y en bodega, sino también como un conjunto de prácticas éticas y sostenibles con el entorno y con las personas”.
Y es que, para esta familia, recuperar el edificio ha sido mucho más que mantener unas paredes: ha sido recuperar una manera de vivir y de devolver futuro a una aldea. El acceso al producto, también: desde su lanzamiento, Bobal de SanJuan ha colocado a esta aldea en el gran mapa del buen vino.

Detalle de las instalaciones de Bobal de SanJuan
La casa de un alcalde, las viñas de un cineasta
La tercera historia conduce al confín del término municipal de Requena, a pocos metros del Parque Natural de las Hoces del Cabriel. Allí se levanta, imponente sobre el paisaje, La Casa de la Viña. La construyó en 1882 Fidel García Berlanga, alcalde de Utiel y después presidente de la Diputación de Valencia: el abuelo del cineasta Luis García Berlanga. La finca llegó a tener quinientas hectáreas de viñedo. Tras décadas de declive, la casa solariega y sus cuarenta hectáreas restantes (con parcelas de bobal prefiloxéricas) estaban casi abandonadas.
En 2016, María Sancho y Paco Cotino (que ya habían impulsado las Bodegas Aranleón, otra protagonista del rescate del viñedo viejo en la comarca) iniciaron la rehabilitación de Casa de la Viña con un proyecto al que llamaron Montesanco. María Sancho lo explicó así en una entrevista en agosto de 2021: «Montesanco es una reconexión con el origen y la comarca».
Paco Cotino, arquitecto de formación, dirigió una restauración meticulosa. Conservaron diez de los trullos originales y la torre-palomar. Hoy el conjunto está certificado en agricultura ecológica y biodinámica y produce ediciones limitadas que la crítica ha situado entre los mejores monovarietales de bobal. La revista Decanter habló del proyecto como del «renacimiento de un paisaje cinematográfico».
Con este proyecto, la empresaria que hoy gestiona la finca retoma el camino emprendido por su lejano predecesor. Si el histórico Berlanga utilizó su posición política para defender los intereses de los viticultores valencianos del XIX, ella se ocupa de que la finca demuestre la calidad del viñedo y el vino local.
Apostar por lo propio
Las tres historias son distintas y se parecen. Sergio Ramos vuelve a las viñas de sus bisabuelos en La Portera. Los Valsangiacomo rescatan la cooperativa que los propios agricultores construyeron en San Juan. María Sancho y Paco Cotino rehabilitan la casa solariega que un alcalde de Utiel del XIX dejó como hito en el paisaje. Las edades de las viñas que hoy vinifican son distintas; las arquitecturas que han recuperado, también. Lo que comparten es una decisión: que el patrimonio del territorio es algo que tiene que producir para seguir existiendo.
Hoy casi la mitad de las hectáreas de viñedo de nuestra comarca que tienen más de cuarenta años. Son un tesoro que está siendo sostenido por proyectos empresariales. Ellos han decidido cuidar viñedos y edificaciones. Son sus bienes. Pero son también nuestro patrimonio.





