Marta Alonso, Secretaria Autonómica de Cultura “La mejor forma de conservar es seguir viviendo y trabajando ese legado”

Marta Alonso Rodríguez lleva años mirando el patrimonio valenciano desde dentro de las instituciones, pero también desde el territorio. Historiadora del arte, la actual Secretaria Autonómica de Cultura, defiende una idea que suena sencilla y no lo es tanto: el patrimonio no se protege archivándolo, sino habitándolo. Con el expediente del vino en Iberia en la Lista Indicativa de la UNESCO desde 2017 y Territorio Bobal revisando su estrategia para avanzar en la candidatura, Alonso se presenta en esta conversación como aliada de nuestras aspiraciones.

Marta Alonso Rodríguez ha ejercido responsabilidades en gestión cultural en distintos ámbitos de la administración antes de asumir este último cargo. Desde él defiende una política cultural orientada al interior de la Comunitad Valenciana, convencida de que el patrimonio vivo (el que se trabaja cada día, el que genera economía e identidad) es el que mejor se conserva. Hoy hablamos con ella de cultura, de patrimonio del UNESCO.

Pregunta: Usted es historiadora del arte y ha ejercido diferentes responsabilidades en el ámbito de la cultura antes de asumir esta Secretaría Autonómica. ¿Qué le ha enseñado este recorrido sobre el patrimonio valenciano?

Respuesta: Mi trayectoria me ha enseñado que el patrimonio valenciano es diverso y no se limita a determinados iconos como la Lonja o el Tribunal de las Aguas, que nadie puede dudar de su valor, sino que se despliega también en paisajes culturales como el de Territorio Bobal, que reflejan una historia viva y conectada al territorio.

Pero si hay algo que verdaderamente he aprendido en el ámbito de la cultura es a mirar el patrimonio con otros ojos, no solo desde el conocimiento académico, sino desde la propia experiencia del territorio. Cuando visitas lugares como esta comarca, entras en sus cuevas-bodega o hablas con quienes llevan generaciones cuidando el viñedo, entiendes que el patrimonio no es algo lejano o institucional, sino algo profundamente cotidiano y emocional. Es la forma en la que la gente se relaciona con su historia, con su paisaje y con su trabajo. Y eso te cambia la perspectiva: te obliga a pensar en políticas culturales que no se queden en la protección, sino que acompañen a las personas que mantienen vivo ese patrimonio cada día.

Al final, he aprendido que el verdadero valor del patrimonio valenciano está en esa mezcla de historia, identidad y vida real que se da, de forma muy especial, en nuestros territorios del interior.

El patrimonio no es algo lejano o institucional, sino algo profundamente cotidiano y emocional.

P.: En su primera comparecencia habló de la necesidad de creernos nuestra cultura. ¿Qué descubre uno cuando empieza a creérsela de verdad?

R.: Cuando uno empieza a creer su cultura de verdad, lo primero que descubre es que la cultura deja de ser algo decorativo o secundario para convertirse en una auténtica herramienta de transformación. Creérnosla significa entender que el patrimonio no es solo una obligación de conservación, sino una oportunidad estratégica para generar actividad, cohesión social y futuro, especialmente en territorios del interior como los municipios que comprenden el Territorio Bobal. Desde la Generalitat defendemos precisamente esa mirada: una cultura útil, que no se quede en el discurso, sino que se traduzca en inversiones, en apoyo a los municipios y en políticas que ayuden a activar ese patrimonio. Y cuando eso ocurre, cuando una sociedad se lo cree de verdad, cambia también la actitud: se siente orgullosa, se implica más y empieza a liderar su propio desarrollo desde aquello que la hace única.

Cuando uno empieza a creer su cultura de verdad, lo primero que descubre es que la cultura deja de ser algo decorativo o secundario para convertirse en una auténtica herramienta de transformación.

P.: Y ¿qué le diría a la ciudadanía de un territorio como el interior valenciano, que no siempre reconoce la importancia de su propio patrimonio?

R.: Les diría, sobre todo, que miren su patrimonio con orgullo y con confianza, porque en muchos casos tienen auténticos tesoros que forman parte de su día a día y, precisamente por eso, a veces pasan desapercibidos. En territorios como Tierra Bobal hablamos de un patrimonio que no es solo monumental, sino también paisajístico, agrícola y cultural: desde los viñedos históricos hasta elementos como las bodegas tradicionales o la arquitectura vinculada al mundo del vino. Reconocer ese valor es el primer paso para protegerlo, pero también para aprovecharlo.

Desde esta Secretaría Autonómica estamos defendiendo una política cultural que pone el foco en el interior, en equilibrar territorios y en convertir el patrimonio en una oportunidad real para generar actividad económica, fijar población y atraer nuevos proyectos. Pero eso solo funciona si la ciudadanía también se implica y lo siente como propio. Cuando un territorio cree en lo que tiene, cambia completamente la dinámica: se cuida más, se comparte mejor y se proyecta con más fuerza hacia fuera. Y Territorio Bobal tiene todos los ingredientes para hacerlo, porque su patrimonio no solo es valioso, sino también auténtico y profundamente ligado a las personas que lo han construido generación tras generación.

Cuando un territorio cree en lo que tiene, cambia completamente la dinámica: se cuida más, se comparte mejor y se proyecta con más fuerza hacia fuera.

P.: En nuestra comarca, la administración autonómica ha trabajado durante décadas en restauraciones diversas, ¿qué le impresiona más de lo que aquí se está haciendo? y ¿qué le gustaría que el resto del país supiera de este territorio?

R.: Me impresiona especialmente la capacidad que tiene esta comarca de integrar conservación y vida cotidiana, algo que no siempre ocurre en otros contextos. En Territorio Bobal, iniciativas como la puesta en valor de las cuevas-bodega, que cuentan con más de 2500 años de historia, o la preservación del mosaico de viñedos tradicionales demuestran que el patrimonio no es un elemento estático, sino un recurso activo que articula identidad, economía y paisaje.

Me gustaría que el resto del país comprendiera precisamente eso: que estamos ante un ejemplo de paisaje cultural donde la historia del vino, la arquitectura popular y el trabajo de generaciones se traducen en una experiencia auténtica y contemporánea. Por otra parte, también me gustaría que se supiera que Territorio Bobal es un modelo que conecta tradición y sostenibilidad, y que encaja plenamente con la visión que defendemos desde la Generalitat de un patrimonio útil, vivo y generador de oportunidades para esta comarca.

P.: Desde fuera, el patrimonio valenciano se identifica con bienes como La Lonja o el Tribunal de las Aguas, pero ¿qué le diría a alguien de fuera para animarle a conocer el patrimonio del interior?

R.: Animaría a cualquier persona de fuera a descubrir el patrimonio del interior valenciano porque ofrece algo cada vez más valioso: autenticidad. Frente a otros destinos más conocidos, aquí encontramos experiencias reales, donde el patrimonio no es solo algo que se visita, sino algo que se vive. Pensemos, por ejemplo, en lugares como el casco histórico de Requena o en su red de cuevas-bodega, o en los paisajes de viñedo que configuran Tierra Bobal: espacios donde historia, economía y forma de vida están completamente entrelazados. Además, el interior permite una conexión mucho más directa con el territorio y con las personas que lo habitan, algo que encaja perfectamente con un modelo de turismo cultural más sostenible y respetuoso, que es precisamente el que estamos impulsando desde la Generalitat. Creo que quien se acerque con curiosidad va a encontrar no solo patrimonio, sino también una manera de entender la cultura más cercana, más pausada y, en muchos sentidos, más auténtica.

P.: El paisaje de la Bobal es, ante todo, un paisaje habitado: hay viticultores trabajando hoy las mismas tierras que se trabajaban hace siglos. Para usted, ¿qué hace especial a un patrimonio que sigue vivo frente a un patrimonio que ya solo se conserva?

R.: Que siga vivo es lo que hace especialmente valioso este tipo de patrimonio, es decir, que siga formando parte de la vida de las personas. En el caso de Territorio Bobal, hablamos de un paisaje con cerca de 35.000 hectáreas de viñedo y una estructura de 9 municipios donde la actividad vitivinícola no es un recuerdo del pasado, sino una realidad cotidiana: los viñedos se siguen trabajando, las bodegas siguen produciendo y las tradiciones se mantienen vivas gracias a quienes las practican cada día. Eso genera una conexión muy profunda entre patrimonio, identidad y economía y lo refuerza como un paisaje cultural vivo.

A diferencia de otros bienes que se conservan de manera más estática, aquí el patrimonio evoluciona con el territorio y con su gente, y eso le otorga una autenticidad muy difícil de reproducir. Además, ese carácter vivo facilita que las nuevas generaciones se identifiquen con él no solo como herencia, sino como oportunidad. Territorio Bobal es un buen ejemplo de cómo el patrimonio puede seguir generando actividad, conocimiento y cohesión social, demostrando que la mejor forma de conservar es seguir viviendo y trabajando ese legado.

Es imprescindible proyectar un relato que conecte lo local con lo global

P.: El expediente El vino en Iberia entró en la Lista Indicativa de la UNESCO en 2017. Es un proceso largo, complejo. Desde su experiencia previa, ¿qué considera que es lo más importante para hacerlo avanzar?

R.: Avanzar en un expediente como el del vino en Iberia exige, en primer lugar, una gran coherencia interna del proyecto y una visión compartida a medio y largo plazo. No se trata solo de documentar el valor patrimonial, sino de demostrar que existe un modelo de gestión sólido, sostenible y respaldado por el territorio. Espacios como el paisaje vitivinícola de Territorio Bobal, con su continuidad histórica en el cultivo de la vid y su red de bodegas tradicionales, aportan un ejemplo muy potente de autenticidad y de relación entre comunidad y patrimonio. Además, es fundamental reforzar la coordinación entre administraciones tanto local, como autonómica y estatal, así como el acompañamiento técnico permanente, algo en lo que la Generalitat tiene un papel clave. Por último, diría que es imprescindible proyectar un relato que conecte lo local con lo global: que haga entender que lo que ocurre en comarcas como Utiel-Requena no es solo relevante a nivel regional, sino que forma parte de una historia cultural compartida a escala europea y mediterránea.

P.: Hoy por hoy, Territorio Bobal está revisando su estrategia con la UNESCO. ¿Qué fortalezas ve usted en el proyecto? ¿Y qué papel está dispuesta a jugar la Generalitat en el acompañamiento de este expediente?

R.: Territorio Bobal presenta una candidatura muy consistente, con fortalezas claras que lo diferencian: una identidad perfectamente articulada en torno al paisaje cultural del vino, una continuidad histórica visible en sus viñedos y en su patrimonio asociado, como las bodegas tradicionales o las cuevas de la Villa de Requena y, sobre todo, una implicación real del territorio que se traduce en proyectos concretos y en una visión compartida. Esa combinación de autenticidad, coherencia y compromiso es fundamental en procesos como el de la UNESCO. Y ahí es precisamente donde la Generalitat tiene un papel clave como acompañante y facilitador del proceso. Por un lado, aportando soporte técnico y ayudando a consolidar un relato que proyecte ese valor universal excepcional de manera clara y competitiva; por otro, reforzando la coordinación entre administraciones y alineando recursos para avanzar en la conservación y puesta en valor del patrimonio. Además, es importante seguir impulsando líneas de inversión —como las vinculadas a la restauración y dinamización del patrimonio que permitan consolidar los avances del expediente sobre el terreno.

La candidatura de Territorio Bobal es una oportunidad no solo para lograr un reconocimiento internacional, sino para consolidar un modelo de desarrollo basado en el patrimonio, el paisaje y la implicación del territorio, y ahí la Generalitat va a seguir siendo un aliado comprometido para acompañar ese camino.

P.: El Plan Restaura ha duplicado las ayudas a restauración del patrimonio cultural, de 3 a 6 millones de euros. Es una cifra significativa. ¿Cómo imagina su despliegue en territorios como Tierra Bobal en los próximos ejercicios, y qué proyectos concretos le entusiasman especialmente?

R.: El refuerzo del Plan Restaura, que ha supuesto duplicar la dotación hasta alcanzar los 6 millones de euros, marca claramente una voluntad de priorizar la conservación activa del patrimonio en toda la Comunitat, y especialmente en los territorios del interior. Este incremento no es solo una cuestión cuantitativa, sino también cualitativa: permite llegar a más municipios, abordar intervenciones de mayor envergadura y, sobre todo, planificar actuaciones con una visión más estratégica.

En comarcas como Territorio Bobal, este impulso puede traducirse en la recuperación de elementos muy ligados a su identidad, como bodegas tradicionales, arquitectura rural vinculada al vino o espacios históricos que forman parte del paisaje cultural. Pero, además, la clave está en que estas actuaciones no se queden en la restauración puntual, sino que tengan una continuidad y una utilidad, favoreciendo su integración en proyectos culturales, turísticos o educativos que generen actividad económica y social.

A mí me entusiasma especialmente esa idea de que cada intervención pueda ser un punto de partida: que restaurar una bodega o un conjunto patrimonial no sea el final, sino el inicio de un proyecto más amplio que ayude a dinamizar el territorio. Ese es el enfoque que estamos impulsando: un patrimonio que se conserva, pero que también se activa, se comparte y contribuye al futuro de comarcas como esta.

P.: ¿Se podrían incluir en estos presupuestos ayudas específicas para avanzar una declaración por parte de la UNESCO?

R.: Este tipo de procesos requieren no solo trabajo técnico muy especializado como documentación, estudios o definición del valor universal excepcional, sino también actuaciones sobre el propio territorio que refuercen la coherencia del conjunto: conservación, señalización, interpretación o mejora de los elementos que forman parte del paisaje cultural.

Por ello, contemplar líneas de apoyo específicas puede ser una herramienta muy útil para acompañar al territorio en ese esfuerzo, especialmente si se vinculan a objetivos claros y medibles dentro del propio expediente. No se trata únicamente de aspirar al reconocimiento final, sino de asegurar que todo el proceso contribuya a mejorar la protección y la gestión del patrimonio implicado.

Además, es importante entender que estas ayudas deben integrarse dentro de una estrategia más amplia, en coordinación con otras líneas de inversión y con la implicación de todas las administraciones. La clave está en sumar esfuerzos: combinar financiación, apoyo técnico y planificación conjunta para que el proyecto avance de manera sólida y creíble. Si se hace bien, el impacto va mucho más allá de la declaración en sí, porque permite consolidar un modelo de desarrollo basado en el patrimonio, el paisaje y la identidad del territorio, que es precisamente uno de los grandes valores de iniciativas como Territorio Bobal.

Me gustaría que en diez años el visitante identifique Tierra Bobal como un paisaje cultural excepcional

P.: Si dentro de diez años un visitante recorriera Tierra Bobal, ¿qué patrimonio concreto le gustaría que admirase como algo excepcional?

R.: Un paisaje del vino reconocido internacionalmente. Me gustaría que en diez años el visitante identifique Tierra Bobal como un paisaje cultural excepcional, con viñedos, bodegas históricas y patrimonio etnológico plenamente reconocido a nivel internacional. Pero, sobre todo, me gustaría que ese visitante perciba que no está ante un patrimonio detenido en el tiempo, sino ante un territorio vivo, bien conservado e interpretado, donde se ha sabido equilibrar la protección con el desarrollo. Un lugar donde el patrimonio genera oportunidades, donde hay actividad, donde la gente joven ve futuro, y donde la identidad local se ha convertido en un valor añadido. Si conseguimos eso, más allá del reconocimiento que pueda llegar, estaremos hablando de un territorio que ha sabido proyectarse hacia el futuro sin perder su esencia, y ese es, en el fondo, el mayor logro al que podemos aspirar.

P.: Para terminar: ¿qué le pediría a la ciudadanía de Tierra Bobal con respecto a su propio patrimonio?

R.: Que cuiden su patrimonio y lo transmitan. Que continúen implicándose en la protección de su patrimonio, porque sin la participación de quienes viven y trabajan en el territorio, proyectos como Territorio Bobal no serían posibles. A la ciudadanía de Territorio Bobal le trasladaría, ante todo, un mensaje de reconocimiento y confianza. Reconocimiento por el trabajo silencioso pero constante que durante generaciones ha hecho posible conservar este patrimonio que hoy nos define, desde el cuidado de los viñedos hasta la preservación de tradiciones, espacios y formas de vida que forman parte de una identidad colectiva muy sólida. Y confianza porque ese mismo patrimonio, bien gestionado, tiene una enorme capacidad para seguir generando oportunidades de futuro.

Creo que estamos en un momento especialmente importante, en el que el patrimonio del interior está ganando el protagonismo que merece, no solo desde el punto de vista cultural, sino también como eje de desarrollo y equilibrio territorial. Y ese camino solo se puede recorrer si existe complicidad entre las instituciones y la ciudadanía. Por eso, más allá de las políticas públicas, que deben seguir reforzando la protección, la inversión y la proyección del patrimonio, es fundamental mantener ese vínculo emocional y ese compromiso cotidiano con lo que somos.

Territorio Bobal representa muy bien esa idea de patrimonio vivo, compartido y con futuro. Y estoy convencida de que, si se sigue avanzando con ese mismo espíritu de colaboración y de orgullo por lo propio, los resultados serán muy positivos, tanto en términos de reconocimiento como de calidad de vida para quienes habitan el territorio.

Para finalizar, quiero trasladar el agradecimiento desde la Secretaría Autonómica de Cultura de la Generalitat por el trabajo que se está realizando desde la revista Patrimonio Bobal y todas las entidades implicadas en este proyecto, por contribuir a difundir y poner en valor una parte esencial de nuestra identidad. Es, sin duda, una labor imprescindible. Muchas gracias.

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