El año de Requena

La noche del 2 de julio, L’Umbracle, en la ciudad de Valencia, se llenará de copas de vino y cava. Bodegueros, sumilleres, gastrónomos y curiosos redescubrirán los productos que se elaboran en nuestra tierra. Será la presentación oficial de Requena Ciudad Española del Vino 2026 en la capital. Pero no será el principio. Porque el principio fue hace muchos siglos, en época ibérica, alguien aplastó por primera vez un racimo de uva en los lagares de roca de Las Pilillas. Ahora, Requena explica su historia, nuestra historia, a los demás.

La Ciudad Española del Vino es una distinción muy reciente. La creó ACEVIN en 2023. La Asociación Española de Ciudades del Vino, que agrupa una red de municipios vitivinícolas de todo el país, se inspiró para ello en iniciativas que llevaban años funcionando en Italia y en Portugal. Ambos países tenían ya un reconocimiento anual a sus ciudades del vino y ACEVIN quiso traer ese modelo a España. Hasta entonces solo existía la Ciudad Europea del Vino, otorgada cada tres años por RECEVIN, la Red Europea de Ciudades del Vino, que reúne a las asociaciones nacionales de España, Italia, Portugal y otros seis países.

La Ciudad Española del Vino es una designación anual, pero el calendario se adecúa para no solaparse con la Ciudad Europea. Es decir, cuando España acoge la Ciudad Europea del Vino (como el año pasado, que lo ostentó Cariñena), el título nacional no se convoca para evitar la competencia entre dos ciudades españolas. En 2026, la Ciudad Europea es la portuguesa Baixo Alentejo y la Ciudad Española es Requena. Lo que parecía un reconocimiento aislado es, en realidad, parte de una red europea coordinada que entiende el vino no como producto, sino como patrimonio cultural compartido.

Esa lógica de redes territoriales es exactamente la que viene reivindicando nuestra asociación desde hace años: la idea de que el paisaje vitivinícola, las técnicas tradicionales y la cultura asociada al vino constituyen un patrimonio que merece protección y reconocimiento internacional. La capitalidad española se asocia así a la misma idea que nuestra candidatura UNESCO.

Cambados, el espejo de 2024

Para entender qué puede suponer este año para Requena conviene mirar lo que ocurrió en Cambados, que fue la primera Ciudad Española del Vino. Fue en 2024. La villa pontevedresa, capital del albariño, ya venía trabajando en su relación con el vino y el turismo desde 2015, cuando creó la primera concejalía de enoturismo de España. En 2017 fue nombrada Ciudad Europea del Vino y en cuanto se creó la capitalidad del vino en España presentó su candidatura y ganó. El balance de este último nombramiento fue inequívoco: un incremento cercano al 20% en el número de visitantes durante los diez primeros meses del año, según datos del Ayuntamiento.

Pero Requena no es Cambados. La ciudad gallega llegó al título siendo ya un destino enoturístico de referencia, con una concejalía específica, una fiesta multitudinaria dedicada al albariño y la Ruta del Vino Rías Baixas como sustento. Requena tiene recursos diferentes. Su arquitectura institucional dedicada al enoturismo está en pleno crecimiento; pero lo más importante es que llega con un patrimonio muy rico: la prehistoria, las cuevas bajo el suelo de la villa y una infraestructura cada vez más potente en torno a la cultura del vino. Esto hace que el nombramiento sea una oportunidad y un reto para consolidar todo ello. Otro detalle: si el albariño de Cambados se vinculaba a una identidad gallega, marinera y conectada con el Camino de Santiago, la Bobal y los vinos y cavas de Utiel-Requena pueden consolidar un perfil igualmente apasionante: a medio camino entre Castilla y el Mediterráneo, el monte y el viñedo, las peñas y la meseta.

Una candidatura que se trabajó desde dentro

La candidatura de Requena se gestó en un periodo muy corto. La impulsó Lucio Cabrera Martínez, cuarto teniente de alcalde del Ayuntamiento y concejal de Medioambiente, Agricultura y Caminos, que llegó al consistorio en octubre de 2024. Pocas semanas después de tomar posesión asistió a una reunión de ACEVIN en Madrid y vio el potencial que el título podía tener para el municipio. Lo trasladó al equipo de gobierno, consiguió la dotación presupuestaria (700.000 euros de fondos propios) y trabajó la candidatura en los meses siguientes.

Requena no era la única que aspiraba al título. Compitió con territorios vitivinícolas de gran peso histórico, pero varias candidaturas se retiraron porque presentar un proyecto sólido tiene un coste significativo. Requena entró con tres argumentos: el presupuesto comprometido, la existencia de unas infraestructuras turísticas de gran valor y una continuidad histórica milenaria documentada arqueológicamente.

La presentación oficial de Requena como Ciudad Española del Vino tuvo lugar el 26 de enero de 2026 en Fitur, en el stand de Turespaña. El acto reunió a Rosa Melchor, presidenta de ACEVIN; al alcalde de Requena, Mario Sánchez; y a representantes de Turespaña y de la Secretaría de Estado de Turismo. En su intervención, el alcalde quiso resaltar la vinculación de la ciudad con la vitivinicultura, “que se remonta al tiempo de los íberos, con el yacimiento de Las Pilillas, uno de los conjuntos arqueológicos más antiguos documentados en la península Ibérica que fue un gran centro de producción de vino”. Recordó también “la fiesta del Vino más antigua de nuestro país, el Museo del Vino, una red de cuevas de origen árabe donde se conservan enormes tinajas, además de todas nuestras actuales bodegas o la pertenencia a la Ruta del Vino Utiel-Requena son otros ejemplos de ese enorme vínculo de Requena con la cultura vitivinícola”.

Un territorio que no cabe en un año

Requena es el mayor municipio de la Comunidad Valenciana y uno de los más extensos de España. Dentro de su espacio habitan 25 pedanías con siglos de historia, miles de hectáreas de viñedo y parajes naturales de enorme valor.

El yacimiento ibérico de Las Pilillas, actualmente en lista indicativa de la UNESCO, es uno de los centros productores de vino más antiguos de toda Europa. Las cuevas subterráneas de la Villa sirvieron durante siglos como bodegas naturales y algunas siguen siéndolo. El casco histórico conserva una arquitectura que acumula capas árabe, medieval cristiana y renacentista. La Fiesta de la Vendimia, una de las más antiguas de España, lleva décadas celebrando el ciclo anual de la uva. Y la DO Utiel-Requena, con más de un centenar de bodegas y más de 4.000 familias dedicadas a la viticultura, sostiene la continuidad viva de todo ese pasado.

A esto se suma una circunstancia geográfica que el título puede convertir en oportunidad real y que visualizó el concejal desde el inicio: Requena dispone de estación de AVE. A poco más de una hora de Madrid y media hora de Valencia, ofrece una conectividad que pocos destinos enoturísticos del país pueden igualar. La ventaja estaba ahí desde hace años. “Lo que el título permite es visibilizarla”, comenta el munícipe.

El año, en marcha

El despliegue empezó pronto. El 30 de enero, la DO Utiel-Requena presentó en Valencia los Vinos Seleccionados 2026 y la Agenda del Vino del año. El momento se aprovechó para anunciar la capitalidad, que le daba al acto, según la propia DO, “una dimensión especial”. Todos iban calentando motores y la administración iba licitando trabajos.

En primavera, el proyecto saltó al casco urbano valenciano. El 20 de mayo, el espacio gastronómico Mercader Cabanyal acogió un mañaneo y tardeo con esmorzar de embutido y bollo artesanos, más de cuarenta referencias de vinos y cavas, tapas de autor y música en directo. La fórmula (un ticket asequible de 15 euros, mucha movilidad entre referencias, gastronomía local de altura) funcionó tan bien que se repitió, con propuesta ampliada, el 21 de junio.

El 6 de junio, una cata tardeo en el patio del Mercado de Requena sirvió además de presentación pública de «Bodeguetas del Interior Valenciano», una nueva asociación de pequeños productores con sede en Requena que reúne a bodegueros de toda la comarca. Su aparición, encajada en el calendario de actos del año de capitalidad, añade una pieza más al mapa de iniciativas privadas que están dando forma a 2026.

Entre medias, el 13 de junio, la Plaza de Albornoz (en el corazón de la Villa medieval de Requena), acogió la edición más especial de “Requena es Cava”. Las siete bodegas que integran la Asociación de Elaboradores de Cava de Requena presentaron sus nuevas añadas planteando la cita con un doble objetivo: celebrar la capitalidad y desestacionalizar el consumo de cava, esa categoría que en España todavía vive demasiado encadenada a las dos últimas semanas de diciembre.

El 25 de junio se presentó la imagen oficial de la capitalidad. La firma es la de Paco Roca, el dibujante valenciano galardonado con el Premio Nacional del Cómic por Arrugas y con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2021. Que la imagen del año lleve la firma de uno de los ilustradores más reconocidos de España, y además valenciano, no es un detalle menor. Es una declaración sobre el nivel al que Requena quiere situar 2026.

Y ahora llega el momento de la gran puesta de largo en Valencia capital. El 2 de julio, de 19:30 a 23:30, L’Umbracle se transformará en el escenario más visible para Requena y su vino. Bodegas, cavas, gastronomía gourmet y música en directo, con un sistema de acceso por ticket abierto a cualquiera que quiera acercarse. Será el momento de mayor exposición pública del año.

Después llegará el verano, con la Feria del Vino de Requena (FEREVÍN) en agosto y la Fiesta de la Vendimia. En octubre, el Wineland Cycling que este año también tendrá un eco especial. Y a partir de septiembre, la propia capitalidad ha previsto programación profesional con jornadas técnicas, encuentros con operadores turísticos y presentaciones en ferias especializadas que apuntan a un calendario que no se agotará en eventos festivos.

La comarca expectante

El título es para la ciudad de Requena. Lo recuerda Lucio Cabrera: la candidatura la defendió la ciudad y la dotó de forma generosa desde el punto de vista presupuestario, lo que ha supuesto un gran esfuerzo. Pero toda la comarca está expectante porque el espacio cultural en torno a la vitivinicultura es común a los pueblos de alrededor y todos los municipios se sienten parte de lo que Requena va a representar este año. Hay un consenso tácito: el éxito de Requena este año puede notarse también en el resto del territorio.

Y aún más, porque esa palanca puede coincidir con otros procesos en marcha: la candidatura UNESCO impulsada por nuestra asociación, nuestro trabajo por hacer visible el patrimonio comarcal, la renovación de la certificación de la Ruta del Vino Utiel-Requena como Ruta del Vino de España… La capitalidad española puede acelerar estos procesos.

El sector privado también empuja

Si algo distingue este año de capitalidad de un programa institucional convencional es que el sector privado se ha sumado desde el primer momento. Coviñas, la gran cooperativa de la DO Utiel-Requena ha celebrado el nombramiento y su director general, Jorge Srougi, lo ha planteado como “una excelente oportunidad para dar a conocer la identidad vitivinícola de Requena… especialmente para poner en valor a nuestros agricultores que con gran esfuerzo, dedicación y pasión cultivan nuestros viñedos”.

Ese énfasis en el agricultor, esgrimido también por el concejal en cada conversación, es la palanca real del proyecto. Y la que lo diferencia de un programa institucional convencional.

Porque la conversación pública sobre este nombramiento gira casi siempre alrededor del turismo. Es comprensible: el modelo Cambados se midió en visitantes y muchas inversiones se justifican en términos de retorno turístico. Pero quien observa desde dentro sabe que el gran motor económico de la comarca es la viticultura. Más de 4.000 familias dependen directamente del cultivo de la vid en esta tierra.

Y el sector no atraviesa su mejor momento. Las dificultades del vino y del cava en los últimos años afectan tanto a las cooperativas grandes como a las empresas bodegueras de cualquier tamaño. La capitalidad, en este contexto, puede ser mucho más que un acontecimiento turístico: se puede convertir en una oportunidad para que el vino y el cava de la comarca dejen de ser productos invisibles fuera del territorio. Para que los sumilleres de Madrid o Barcelona los pidan, que los hoteles los incluyan en sus cartas, que los consumidores los reconozcan por la marca.

Cuando se le pregunta a Cabrera qué le gustaría que quedara cuando acabe 2026, no habla de visitantes. Habla de relevo generacional, de que el enoturismo deje de concentrarse en las dos últimas semanas de agosto, de que el cava deje de ser exclusivamente navideño, de que las familias agricultoras sientan que su trabajo es tradición, pero también futuro.

Esa apuesta es, en último término, la que merece la pena. Que el año de Requena no sea solo el año en que la villa se llenó de visitantes (aunque también lo sea), sino en la persistencia de un gesto que lleva milenios repitiéndose sin interrupción. Que levantar la copa, en 2027, signifique más cosas que en 2025.

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