Entre sahumerios y boticas: enfermedades y remedios de nuestra historia

El templo de Santa María de Requena acoge una exposición que permite conocer hoy las enfermedades que históricamente ha sufrido la comarca y los remedios aplicados en cada momento. La muestra viaja desde las viejas pestilencias hasta el reciente COVID parando en la botica renacentista, las devociones protectoras, la medicina popular o los ritos mágicos. Todo ello con un relato didáctico, singular y algo perturbador.

Fotografías de Verónica IP

El sábado 7 de febrero se inauguró en el templo de Santa María de Requena la exposición Malum et Remedium: epidemias, medicina, botica y otros remedios mágico-populares en la Meseta de Requena-Utiel, comisariada por Ignacio Latorre (del Archivo Municipal de Requena) y Fernando Moya. El concurrido acto de presentación fue una invitación a visitar la muestra con ganas de viajar en el tiempo.

Y es que la propuesta interroga a la ciudadanía contemporánea. Porque habla de males del pasado, pero también nos plantea preguntas muy actuales sobre cómo reaccionan las comunidades cuando la salud colectiva está en juego. No es casual que el recorrido, que comienza en el medievo, tenga en el COVID su punto final.

Los males: una historia local de epidemias y vigilancia

La muestra realiza un relato de las epidemias en la comarca con una visión cronológica. Comienza con las referencias a la enfermedad que el rey Alfonso X adquirió en Requena en un lejano siglo XIII (1273) y llega hasta nuestro siglo XXI. Así se ordena una batería de males de los que tenemos bastantes datos puesto que de todos ellos hay memoria escrita.

Porque, como explica Fernando Moya, “durante siglos, la sanidad fue una competencia municipal. Y como este era un territorio de realengo, muchos gastos exigían aprobación superior. De ahí que haya constancia escrita”. Por eso, como recuerda Ignacio Latorre, “la exposición se apoya en una selección documental muy amplia y en la exhibición de documentos originales”.

La primera pregunta a la que responde la muestra es: ¿cómo se actuaba cuando ni siquiera se conocía la existencia de virus y bacterias?

La prioridad era que el mal no entrase”, comenta Moya. “Y eso significaba, literalmente, cerrar el pueblo, algo muy complicado en una ciudad que estaba en medio del Camino Real y era frontera y aduana entre Aragón y Castilla”. Esta estrategia del cierre chocaba con la realidad, que imponía un constante tráfico de personas, cartas y mercancías, de modo que, en su rastreo histórico, los comisarios nos muestran medidas como correos a los que no se permitía entrar, ropa retirada, papeles purificados con sahumerios, cambios de bolsas…

Aunque la situación parece medieval a los ojos contemporáneos, la realidad es que estas medidas se extendieron durante siglos. Y la exposición muestra con detalle las grandes crisis sanitarias del siglo XIX. Latorre comenta que, en esa época, Requena sufrió seis epidemias de cólera y que su incidencia fue superior a la media valenciana y nacional. Las cifras son terribles, pues con una población que no llegaba a 9.000 habitantes, podían morir hasta más de 50  personas al día en verano. “No daba tiempo prácticamente ni a enterrar… e incluso se prohibió tocar las campanas, porque no hubieran parado en todo el día”, comenta Moya.

Las campanas silenciadas muestran cómo una epidemia bloquea la vida cotidiana: el trabajo, el abastecimiento, la convivencia… todo se fractura. Y es necesario realizar un enorme esfuerzo para seguir adelante. Latorre pone nombre y apellidos a ese esfuerzo: el expediente de agradecimiento al médico Rafael Tortosa, documentado en el libro de actas de 1885, tras atender sin apenas descanso hasta morir durante la epidemia de aquel año.

Los remedios: ciencia, medicina popular y fe protectora

Y si la primera parte de la muestra está dedicada a los males, la segunda parte del recorrido pasa a relatar los remedios. “Desde el punto de vista médico, hacían lo que podían”, admite Moya. El abanico de respuestas a la enfermedad que vemos en la exposición es el siguiente:

  • Profesionales y oficios sanitarios: médicos, cirujanos, sangradores, boticarios, parteras… todo un sistema sostenido mayoritariamente por el concejo.
  • Remedios populares: hierbas medicinales y remedios caseros que se utilizan con profusión y que incluso llegan hasta hoy, en ese gesto de prepararse una manzanilla ante ciertas molestias.
  • Remedios religiosos y mágicos: rogativas, promesas, símbolos protectores y devociones. Se incluye el caso de San Roque, con documentos de compromiso comunitario y estandartes que se ondeaban a los cuatro puntos cardinales buscando un efecto protector.
  • Una botica histórica: gracias a un documento de 1545, podemos reconstruir una botica del siglo XVI. Hablamos de un documento rarísimo (solo han localizado un equivalente en Córdoba) que contiene el listado de los materiales que tenían las boticas y todo lo que debían tener y les faltaba o estaba mal conservado (Ya hablamos de esta reconstrucción en este artículo)

Por supuesto, hay en la exposición un apartado dedicado a la viña y el vino con fines medicinales. Aquí se enlaza la tradición oral con recetas que aparecen en tratados antiguos, como la recogida del lloro de la viña para su uso como colirio, el vino como reconstituyente, el vinagre como limpiador y preservador, el alcohol vínico como desinfectante, incluso el uso de cenizas para emplastos.

Uso del vino y de la vid (incluyendo el «lloro de la viña» como remedio para diversas enfermedades

Tres golpes de efecto: el meteorito, el doctor de la peste y los libros históricos

La exposición sorprende con varias piezas singulares. La primera es un meteorito. ¿La razón? que ellos, igual que los cometas o los eclipses fueron considerados, invariablemente y durante siglos, presagios funestos: algo malo venía en camino.

El otro gran impacto lo provoca el doctor de la peste cuya vestimenta se ha reproducido íntegramente: máscara con pico, guantes, cuerpo cubierto. Una imagen siniestra que obedecía a algo simple: minimizar el contacto con el enfermo y filtrar el aire con hierbas y especias.

También sorprenden varios libros cedidos por la Fundación Lucio Gil de Fagoaga. Por un lado, los dos grandes tratados de medicina históricos: un Dioscórides y un Avicena de 1507 (casi un incunable). Y junto a ellos, un tratado de filosofía medica firmado por Luisa Oliva Sabuco, una mujer renacentista que pasó a la historia por haber introducido aspectos de la medicina psicosomática.

Malum et Remedium permanecerá hasta mediados de junio en Santa María.

Los responsables de la muestra: Fernando Moya e Ignacio Latorre (del Archivo Municipal de Requena)

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