Un tesoro verde por descubrir: nuestro patrimonio botánico

Entre sierras y riberas, lagunillas y saladares, nuestra comarca guarda una diversidad de plantas sorprendente. Aquí conviven campos cultivados con amplias zonas de vegetación silvestre y especies comunes con otras extraordinariamente raras. Muchas de ellas pueden pasar inadvertidas incluso para quien camina a menudo por estos campos. Para ayudar a conocer mejor este tesoro compartido y poner nombre a cada pequeña maravilla se ha publicado la Guía botánica de la comarca de Requena-Utiel. Un libro pensado para pasear mejor, comprender más y cuidar con orgullo este valioso patrimonio verde.

Es habitual que la vegetación pase desapercibida para muchas personas habituales de los paseo campestres. El botánico Pedro Pablo Ferrer lo achaca a que hay muchas personas que son ciegas a las plantas. Este doctor en ciencias biológicas (y natural de Jaraguas) reconoce que para mucha gente es habitual caminar por la naturaleza sabiendo que les sienta bien, que respiran mejor, que les emociona una sombra fresca o un barranco en silencio… pero sin saber qué tienen ante sí. “Lo que sucede es que no conocen el idioma de la botánica”, dice. Y así, el paisaje se queda en decorado. Por eso, este y otros cinco expertos han creado esta guía, convirtiéndose así en traductores que nos permiten aproximarnos a una realidad que resulta absolutamente extraordinaria.

Emilio Laguna, uno de los sabios de la naturaleza que firman la guía, asegura que había demanda para el libro: “hay mucha gente aficionada a la naturaleza, excursionistas, senderistas, personas a las que les gusta el medio natural en general y esta era una zona en la que faltaba un documento como este”.

Un patrimonio botánico excepcional

La singularidad botánica de la Tierra Bobal es mucha. Y una de sus características diferenciales es que nuestra comarca cuenta con una suma de ambientes muy distintos que se encuentran en un espacio relativamente compacto. Javier Armero, otro de los autores de la guía, nos recuerda que esta variedad procede, precisamente, de las características geográficas del territorio, con una hidrología, una altitud y unos suelos que cambian mucho en poco espacio. Y son justo esas circunstancias las que marcan qué comunidades vegetales van a aparecer en cada lugar.

Además, hablamos de una tierra de transición. Laguna lo explica así: “esta es una comarca de frontera entre el territorio del interior de la Península Ibérica y la riqueza de la zona litoral y prelitoral valenciana. Es importante esa transición de Este a Oeste. Pero también tenemos otra de Norte a Sur porque la comarca marca el límite entre el Sistema Ibérico (que llega hasta la zona de Sinarcas) y las áreas que tienen ya influencia del Sistema Bético que empezaría en Cofrentes y Ayora”.

Por eso, aquí la vegetación es extraordinariamente variada. Respondiendo a las grandes diferencias que hay entre la ribera del Cabriel y las cumbres del Negrete o el Picarcho; entre las laderas calizas, las depresiones endorreicas y los cantiles rocosos. Cada espacio tiene su propias especies. Y muchas de ellas tienen un extraordinario valor biológico.

Cuando le pedimos a Ferrer que enumere las joyas de la comarca, el biólogo apunta a todos los puntos cardinales y destaca los siguientes espacios:

  • Los lavajos de Sinarcas, dos pequeñas lagunas que funcionan como concentradores de biodiversidad y de cuya recuperación hablamos recientemente (puedes leer aquí la información).
  • Los ambientes salinos continentales como los que encontramos en las salinas y salinillas de Villargordo, Los Isidros y Jaraguas, que tienen una flora adaptada a suelos con sales y yesos y donde aparece una especie muy singular: la Puccinellia hispanica, una especie que delata hasta qué punto estos suelos extremos crean plantas a medida.
  • Tienen especial interés diversos escenarios de roca y sombra donde el patrimonio botánico se vuelve secreto: las Hoces del Cabriel, donde prosperan plantas ligadas a la roca, y las simas del Molón de Camporrobles, donde crece un raro helecho y donde existe una microreserva de flora. Por cierto, los helechos de la comarca, pequeñitos y muy antiguos, están habitualmente asociados a zonas con agua, una pista de la importancia de nuestros rincones húmedos.
  • El Pico del Tejo, cuya cima guarda refugios de tejo, “una planta de otros tiempos”, en palabras del biólogo Ferrer. Una reliquia de climas pasados que sobrevive en microambientes frescos y favorables
Puccinellia hispanica

Puccinellia hispanica

Queda claro por esta enumeración que aquí la naturaleza no es uniforme. Porque cada vez que cambian el suelo y la altitud, la humedad y la exposición al viento y al sol cambia la vegetación. Y tenemos la fortuna de encontrar muchas joyas y muy diferentes. Además de las antes citadas, Ferrer recuerda otra planta, la Centaurea toletana, un cardo de tamaño pequeño que normalmente vive en el centro peninsular y que aquí mantiene una población única fuera de su área principal, con un valor extraordinario.

Al borde de la extinción

El capítulo más delicado del patrimonio botánico es el de las especies al borde del abismo. Ferrer apunta varios nombres: el llamado trébol de cuatro hojas o Marsilea strigosa (un helecho acuático extremadamente raro, casi desaparecido en la comarca); el pequeño Isoetes velatum; el ajo silvestre o Allium cyrilli; y la propia Centaurea toletana son especies que podrían perderse en apenas treinta años si se siguen deteriorando sus enclaves.

Por su parte, Laguna pone su mirada en Los Lavajos “porque, al tener que estar dependiendo del sistema hídrico, son muy frágiles. Todas las variaciones que estamos teniendo en las últimas décadas (disminución del nivel freático, irregularidad de las precipitaciones, etc.) afectan mucho a sus plantas. Son especies que están muy acostumbradas a un cambio más gradual en el nivel de agua y si ahora los ritmos cambian, estas especies están mucho más desequilibradas”.

Por eso, el aviso de estos expertos es directo. Porque cuando las plantas se van, “ya no vienen”, dice Ferrer. Y es que, cuando hablamos de nuestro patrimonio botánico hablamos de una herencia viva, rara y frágil.

La guía: una herramienta para conocer el entorno

Para convertir el asombro en conocimiento hace falta método. Y ahí entra esta Guía botánica de la comarca de Requena-Utiel. Flora selecta y catálogo florístico, una obra de gran formato y cuidada edición, con 564 páginas y más de 1.000 fotografías, concebida como un lazarillo para aprender a mirar.

Según explica Armero, el libro está organizado en cuatro bloques muy pensados para el lector no especialista:

  1. Capítulos introductorios que aportan el contexto físico y ambiental: geografía, suelos, clima. Además, la historia de la botánica en la comarca y la conservación.
  2. Fichas de especies seleccionadas, con una descripción, su presencia e interés, incluyendo usos tradicionales si los hay.
  3. 13 itinerarios botánicos, repartidos por los nueve municipios y planteados como paseos para observar flora característica: alta montaña, rodenos, riberas, lavajos, roquedos, ambientes salinos, tejedas, fresnedas…
  4. Catálogo florístico comarcal: alrededor de 1.540 taxones (un taxón es una unidad de clasificación), con información sintética: floración, tamaño, rareza, origen, estatus de protección, etc.

Este planteamiento tiene una virtud: convierte el libro en una obra de consulta, un diccionario para empezar a leer el idioma de las plantas.

En este punto es importante destacar que los itinerarios creados por los autores están pensados para ser accesibles. Todos tienen una dificultad mínima, con alguna excepción puntual por pendientes en las zonas de salinas.

Un equipo con oficio y territorio

Un libro así se sostiene en dos pilares: la experiencia científica y el conocimiento de la Tierra Bobal. Hablamos de autores que han dedicado tres años y medio de trabajo a procesar miles de datos y a volcar en esta obra su vocación divulgativa.

Ellos son Emilio Laguna Lumbreras, referente en conservación de flora en la Comunidad Valenciana, conocido por haber dado impulso desde la administración a las microrreservas de flora. Pablo Ferrer Gallego, especializado en taxonomía, nomenclatura y conservación de flora. Javier Armero Iranzo, que ha desarrollado una labor sostenida de divulgación ambiental comarcal y ha publicado obras de referencia sobre naturaleza local. Iván Moya, que combina su faceta como docente con su vocación naturalista ligada a la comarca. Javier Fabado Alós, vinculado a entornos de investigación y documentación botánica (incluido trabajo con herbarios y publicaciones especializadas). Y Víctor París Huerta, biólogo y divulgador visual del medio natural que trabaja como agente forestal en la Comunidad Valenciana.

Ese doble músculo —ciencia y comarca— se hace evidente en el enfoque de la guía y en su propuesta para invitar a la ciudadanía local y a los visitantes a adentrarse en el territorio para conocerlo y amarlo.

Salir, mirar, cuidar: invitación a un orgullo activo

Lo que queda claro en la obra es que necesitamos conocer mejor nuestro entorno para amarlo más y protegerlo mejor. Ferrer lo formula nombrando dos ingredientes que cualquiera puede activar: curiosidad e interés. La curiosidad te hace preguntarte en un paseo “¿qué es esto?” y a continuación puedes abrir la guía, comparar una hoja, una flor o un fruto, aprender una palabra nueva. Y entonces ocurre algo decisivo: el paisaje deja de ser genérico.

Laguna, por su parte, asume que “el interés de cada posible lector puede ser muy variable. Hay gente que tiene ya unos ciertos conocimientos de botánica y a lo mejor se va directamente al índice a buscar el nombre científico de una planta. Puede haber gente que busque las propiedades de cada especie y habrá quien tenga el interés por ir a los senderos. Y confío es que se pueda usar también como un elemento didáctico. Hay muy diversas aproximaciones posibles”.

A partir de ahí, la invitación es clara y práctica:

  • Pasea más y hazlo con calma. Levantando la mirada e intentando leer lo que te indican las plantas al borde del camino.
  • Vuelve a los mismos sitios en distintas estaciones: descubrirás cambios sorprendentes.
  • Respeta los enclaves frágiles: lavajos, salinas, roquedos y microhábitats son pequeños… y vitales.
  • Valora lo cercano: un tejo, una fresneda o un saladar no son un árbol más o un descampado raro, sino historia viva del territorio.
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