El 12 de agosto, sobre las ocho de la tarde, comenzó el espectáculo. El primer eclipse total visible desde la península en más de un siglo tuvo un significado especial para quienes eligieron verlo en los escenarios de nuestra historia. En Caudete de las Fuentes, sobre el cerro de Los Villares; en Utiel, sobre el Pico del Remedio; y en la Torre del Homenaje del castillo de Requena, la vista tuvo una emoción especial.
Desde 2022, cuando la comarca obtuvo la certificación Starlight, la Tierra Bobal cuenta con un circuito veraniego para la observación nocturna con telescopios y monitores de la Asociación Valenciana de Astronomía. Eso significa que el 12 de agosto, la fecha señalada para el eclipse total de sol, nuestra comarca contaba ya con miradores señalizados y un público entrenado para mirar al cielo con algunos conocimientos astronómicos y paciencia.
En Utiel, el Pico del Remedio (que es mirador habitual del circuito) figuró entre los puntos oficiales designados por la Generalitat. Pero allí no se limitaron a observar. Utiel tuvo una completa programación: junto a la Universitat de València organizó la exposición Astrónomas y una conferencia de Miguel Requena, profesor de Historia Antigua, sobre cómo el eclipse pasó de prodigio interpretado por sacerdotes y augures a recurso turístico contemporáneo. El acceso al mirador se combinó con visitas a la Iglesia Parroquial y a las bodegas subterráneas de Puerta Nueva.
Requena eligió otro escenario para una ventana algo más breve. Desde la Torre del Homenaje, con teatralización y música, quinientas gafas homologadas repartidas por el Ayuntamiento acompañaron veinte segundos de oscuridad total: menos tiempo del que tarda en leerse este párrafo.
Familias observando el eclipse en el sito arqueológico de Kelin
Y en Caudete de las Fuentes, unas 150 personas se acercaron en familia hasta el yacimiento de Kelin, la ciudad ibérica que dominó este territorio varios siglos antes de que comenzara nuestra era. Sobre el mismo cerro donde sus habitantes vieron ponerse el sol durante generaciones, el astro volvió a ocultarse por completo: dos mil quinientos años de distancia y el mismo cielo, compartido esta vez por un buen número de familias con gafas homologadas y con pequeños artefactos caseros que permitían contemplar el acontecimiento sin mirar directamente al sol.
El circuito Starlight sigue hasta octubre, con su ritmo habitual de jornadas gratuitas y con el aforo completo.
FOTOS de Laura Hortelano y David Quixal





