Fotografías de David Zarzoso. Acuarelas de Belén Ilarri
En lo alto del Parque Natural Chera–Sot de Chera, una fortaleza almohade del siglo XII vuelve a hablar al visitante contemporáneo. Y para ello no ha sido necesario que se disfrace de castillo nuevo: habla desde su condición de ruina. La arquitecta Belén Ilarri, encargada de estas labores de consolidación, ha seguido los actuales criterios culturales y los mandatos de la Consellería de Cultura y ha apostado por una idea tan sencilla como exigente: intervenir lo mínimo y consolidar lo existente. De ese modo consigue que el visitante actual pueda interpretar el monumento desde el propio terreno, piedra a piedra.
Siglos de historia y de abandono
El Castillo de Chera es lo que queda de una estructura defensiva almohade del siglo XII. Sus piedras atravesaron sucesivas conquistas y tuvieron múltiples usos hasta que el lugar quedó definitivamente abandonado a comienzos del siglo XIX. A partir de ese momento, el tiempo, el entorno y la propia naturaleza han ido haciendo su trabajo en forma de expolios puntuales, desplomes y erosión. La comprensión del conjunto era por ello cada vez más difícil.
En este tipo de enclaves, la tentación es devolver al castillo a una imagen completa. Pero Ilarri lo plantea al revés: “No intervenir es lo más difícil en el patrimonio”. Y ese ha sido su enfoque: no inventar lo que se perdió, sino estabilizar lo que queda y hacerlo comprensible para el espectador contemporáneo.
- Lado Este
- Torre Suroeste
- Lado Oeste
- Lado Norte
Dos fases, una misma idea: consolidar para leer
La intervención en estas ruinas de Chera se ha realizado, hasta ahora, en dos fases. En la primera se trabajó en el lienzo norte, el lienzo este y parte de la barbacana (el sistema defensivo exterior asociado al acceso). En la segunda, la que ha terminado recientemente, se ha llevado a cabo un trabajo casi detectivesco en el que la arqueología ha sido fundamental pues gracias a ella apareció el perfil de la torre norte, que se consolidó junto a restos asociados al sistema defensivo, como el antemural (o muralla avanzada) en su sector Oeste.
Y es que, en patrimonio, la arquitectura no actúa sola. Tanto el sentido común como la administración exigen que el proyecto arqueológico avance en paralelo, porque sin lectura arqueológica no hay interpretación fiable del monumento. En Chera, Ilarri ha trabajado con Enrique Dées y Rosario Serrano, y comenta que el proyecto “ha supuesto un intercambio continuo: qué es prioritario excavar, qué debe mostrarse, qué conviene dejar para futuras fases y qué significa cada hallazgo en el funcionamiento defensivo del castillo”.
El objetivo, después de todo, es “que el visitante tenga un relato espacial: la torre, el recorrido del soldado por el antemural, el acceso, la relación entre recinto exterior e interior… y además, que se note que esta ruina está cuidada y tratada con cariño y respeto contemporáneo”.
Un castillo que se explica sin invadirlo
El respeto contemporáneo también significa que el proyecto tenga coherencia material. Por eso Ilarri subraya que no se traen tierras ni piedras ajenas: “utilizamos las tierras de ahí, las piedras de ahí”, comenta. Es una forma de reducir impactos, mantener compatibilidades físicas y químicas y evitar que el añadido sea demasiado reconocible. Después de todo, el castillo dialoga con el paisaje. La ruina, formada por piedra, tierra y mortero se alza en un espacio de cultivos y vegetación, sin estridencias formales.
Además de intervenir en la ruina, el proyecto ha ordenado su uso público. Se han incorporado protecciones físicas y se han agregado códigos QR que ayudan a comprender lo que ya no se ve completo.
Las ruinas del castillo de Chera aún esconden secretos. Los arqueólogos y la arquitecta querrían trabajar aún en su Torre Central para conocer nuevos detalles. Pero no seguir indefinidamente. Porque no se trata de terminar el castillo, sino permitir que lo que queda siga hablando a la ciudadanía del siglo XXI.





















