Hace diez años, la Denominación de Origen Utiel-Requena empezó a poner por escrito algo sabido: que el vino es un completo sistema cultural y de experiencias. Entonces nació la Agenda del Vino. Arrancó como una herramienta para ordenar, comunicar y sumar, pero a lo largo de esta década se ha convertido en una brújula que señala bodegas, propuestas y calendarios.
Era marzo de 2016 cuando se convocaron reuniones en defensa del patrimonio vitivinícola y del territorio. El propio sector describió aquellos encuentros como históricos por la asistencia masiva. También lo recuerda así Carmen L. Cárcel, secretaria del Consejo Regulador de la D.O. que relata cómo se creó entonces la primera Mesa Sectorial. “Aquel órgano buscaba aunar, optimizar y coordinar recursos entre instituciones y actores del vino para lograr objetivos compartidos en la comarca”. En la mesa se sentaron nueve ayuntamientos, dos mancomunidades, varias organizaciones agrarias y cooperativas, diversas bodegas, la Ruta del Vino, asociaciones como Territorio Bobal además de escuelas y entidades tecnológicas. También estuvieron las ferias y colectivos vinculados a la gastronomía y la cultura local.
Había hace diez años muchos motivos que justificaban aquella Mesa Sectorial, pero todos estaban recorridos por un nexo: todas las entidades buscaban dar visibilidad al vino como parte de la identidad local y como motor económico, impulsar el relevo generacional y frenar la despoblación, mejorar la coordinación entre entidades, promover proyectos conjuntos y profesionalizar el sector. De manera explícita se marcó también un objetivo que ha ido ganando peso en la última década: mejorar el enoturismo y atraer más visitantes al territorio.

Divulgación al servicio de la economía local
La Agenda del Vino puede entenderse, por lo tanto, como una respuesta operativa a esa propuesta: una pieza de divulgación útil, pensada tanto para el público local y para el viajero, capaz de ordenar la oferta. La modesta primera edición, publicada en aquel mismo 2016, recogía solo medio año de actividades. Frente a ella, la edición de este 2026, la del décimo aniversario, se ve como un libro (en formato papel y en digital) que ofrece un largo muestrario de actividades para el enoturista, incluyendo idiomas de las catas, opciones de restauración y alojamiento, o si la bodega cuenta con el distintivo Viñerón DO Utiel-Requena; además, organiza las actividades enoturísticas por municipios y refuerza un diseño más visual.
La evolución de la propia guía muestra una tendencia general: el enoturismo español ha consolidado su recuperación y expansión. En 2024 las Rutas del Vino de España superaron los 3 millones de visitantes a bodegas y museos (con un reparto aproximado 70/30). Y en ese mapa, la Ruta del Vino Utiel-Requena ya registra cifras que explican por qué la Agenda se ha vuelto estratégica: el informe de 2024 atribuye 54.100 visitantes a bodegas y 35.520 a museos en la ruta.
Hay un detalle importante en este sentido y es que, este décimo aniversario de la guía llega en el momento en el que Requena ostenta el reconocimiento de “Ciudad Española del Vino 2026”, un sello que multiplica el foco mediático y las expectativas, y que puede actuar como palanca para seguir articulando patrimonio, paisaje, gastronomía, cultura y vino en un mismo producto territorial.
En el fondo, esa es la clave de una Agenda del Vino que, lejos de limitarse a anunciar planes, traduce el patrimonio vitivinícola de Utiel-Requena en experiencias y recuerda que la comarca se entiende mejor cuando se recorre entre viñas, lagares, cuevas, cooperativas, barrios históricos y mesas compartidas.
Diez años después, la Agenda confirma lo esencial: aquí, el vino es memoria y es futuro.





