La iglesia de San Nicolás el Magno siempre ha estado ahí, en el borde de la Villa, como una silueta familiar. Pero una cosa es reconocer un edificio y otra comprenderlo. El reciente libro de Fermín Pardo, cronista oficial de Requena, permite esa comprensión porque pone orden en las fechas y sentido a muchos siglos de capas, reformas, pérdidas y recuperaciones. Esta publicación ayuda, por lo tanto, a mirar de otra manera un templo que pasó de parroquia a ruina y que hoy es un interesante espacio cultural.

La parroquia más antigua en su templo de San Nicolás, el Magno, de Requena se presentó el pasado 31 de enero de 2026 en un Salón de Plenos lleno, con una intervención que dice mucho del alcance del trabajo. Abrió el acto el archivero municipal Ignacio Latorre, encargado del prólogo; después tomaron la palabra el propio Fermín Pardo, la arqueóloga municipal Asunción Martínez, el maestro Vicente Argilés y cerró la concejala de Cultura María José Martín.
Latorre defendió que la monografía “cierra el círculo de puesta en valor” del edificio tras su restauración, porque no se limita a describir la arquitectura: entra también en lo que sostiene una parroquia en el tiempo, es decir, sus cofradías, inventarios, visitas pastorales y cambios de advocación. También subrayó el rigor con el que está escrito este libro en el que “no se divaga ni se fabula”. Ni siquiera cuando las ausencias documentales han exigido al autor una investigación especialmente minuciosa en el Archivo Municipal y en el Archivo Diocesano de Cuenca.
Y es que la vocación de Fermín Pardo es la de salvar la memoria de un monumento utilizando fuentes directas y aportando contexto a quien lee hoy su texto.

Un templo lejos del centro: entender el lugar y su historia
San Nicolás ofrece al espectador actual un primer enigma: su ubicación en la Villa. Porque no es un monumento aislado, pero tampoco está en un espacio céntrico: es un edificio de límite, de transición. La explicación no está en el edificio, como dice el propio autor, sino en el hecho de que, antes de San Nicolas hubo en el mismo espacio una iglesia primitiva anterior. Y ahí los trabajos arqueológicos han resultado clave: la experta Asunción Martínez recordó que la excavación fue fundamental para despejar dudas sobre las épocas más remotas del templo.
Y es que nos encontramos ante la iglesia más antigua de Requena. Sus orígenes se sitúan en el siglo XIII y, a partir de esa época, el edificio se comporta como un organismo vivo. Se reforma cuando cambia la liturgia, cuando cambian los gustos, cuando hay recursos y cuando hay daños. Su historia no puede leerse, por lo tanto, como una línea recta, sino como una superposición de decisiones.

Capas visibles: del gótico a la fachada dieciochesca
Las ampliaciones y transformaciones que vivió San Nicolás fueron dejando huella durante siglos. Se documenta una etapa románica que está representada por pinturas murales y el muro más viejo a la que siguen fases góticas en el siglo XV, reformas renacentistas en el XVI y una intervención importante en el siglo XVIII. Esta tuvo como resultado la aportación de elementos cruciales: la portada actual, la cúpula y el ábside del presbiterio. Hubo cambios también en el siglo XIX.
El gran corte en la historia del templo llega con la Guerra Civil. Sufrió daños importantes durante la contienda y, tras ella, la iglesia quedó abandonada y su deterioro se incrementó durante décadas. San Nicolás fue, para varias generaciones, una ruina que parecía destinada al olvido.
Su restauración se inició en 2010 y se abordó con un criterio claro: rehabilitar sin borrar. Intervenir permitiendo que las sucesivas capas históricas pudieran verse. La idea siempre fue devolver a la vida el edificio dejando evidencia de sus cicatrices.
San Nicolás hoy: un espacio cultural vivo
Hoy, el visitante se encuentra con una portada neoclásica detrás de la cual ya no hay una iglesia, sino un centro cultural que funciona como museo, espacio para eventos y sala de exposiciones. La restauración dejó un interior diáfano con soluciones que protegen sin ocultar su historia. Como esa cubierta que, en vez de reconstruirse, se ha convertido en un lucernario para permitir el paso de luz natural.
Con esta hermosa realidad en las calles de Requena, la aportación del libro de Fermín Pardo es decisiva, porque permite comprender mejor el edificio. Conocer en detalle su origen medieval, sus reformas, su quiebra y su recuperación contemporánea permiten que veamos un lugar con historia convertido en espacio de encuentro y memoria compartida.








